Pasear por San Telmo una tarde bajo el sol es un buen comienzo de findeldíadetrabajo. De Palermo a San Telmo, después el Centro y subte a casa. Quebrar los itinerarios cotidianos me hace sentir turista en mi propia ciudad. Las distancias entre los puntos de rutina son tan cortas como para que cualquier paseo varias cuadras más allá de mis cuadras signifique un recorrido nuevo a cara lavada, a cara de asombro.Más tarde, volvemos a encontrarnos para disipar dudas. Las mías vienen como autoacusaciones viciosas que arrastro desde otras voces y provocan varios días de silencio neurótico como corset ajustado de más. Mientras nos relajamos, antes de salir, escuchamos a un vecino que parece esquizofrénico. Escucha voces y ruidos molestos que nadie escuchó. Se pone violento. Salimos cuando terminan los gritos.
Cerca de casa, un poco de teatro, risas y pasarla bien. Mientras disfrutemos habrá mañana, podría decir una canción cursi. Pasarla bien es un resguardo que permite recuperar la medida de las cosas.
El viento movió las nubes, la noche se ve clara y amanece despejado.
Remoloneamos a la mañana. Son las ocho y media y entre sueños discutimos cuestiones como si la heterosexualidad es cultural o biológica. De herencia freudiana, yo digo biológica, él dice cultural y yo digo que son las ocho y media, hoy me tomo la mañana, mejor los besos y dormir un rato más.
...viene a mojarse los pies a la luna...