Los fragmentos no alcanzan a ordenarse para recuperar una de las mejores noches en años, en todos los años. Si quisiera escribir una crónica ordenada en el tiempo, en un momento se haría imposible y comenzaría a inventar. Recuerdo y no recuerdo. Ahora miro en youtube videos del show, igual en todas partes, y en la oficina creen que estoy loca.Recuerdo las luces, los saltos, los besos. El cuerpo yendo solo. El momento en que moví la cabeza y sentí que solita ella se me iba cincuenta metros y volvía. Ahí comprendí que empezó todo. Las luces otra vez. Las luces distintas cada vez que miraba al escenario. Mirá, mirá. Había que decirle al de al lado. Y cada vez era un juego distinto. La pirámide encendida, o el fondo, o el fondo y la pirámide, o lo de adelante. Un show tremendo. Bailar con los chicos. Bailar con vos. Bailar y bailar, hasta que sólo así, podamos calcular la nueva medida de las cosas. Y las cosas se hicieron nuevas, las medidas novísimas. Nada de lo que había sido hasta ahora nos alcanzaba. Palabras de amor para todos, para vos y para mí desde las estrellas. Y fuimos por más. Palabras para los amigos que no estaban, milagro celular mediante.
Hicimos una ronda y yo entonces dije por qué estar así no puede ser una vocación. ¿Cuál es tu vocación? Y responder, bailar y bailar, hasta que sólo así podamos calcular la nueva medida de las cosas; hasta que amanezca; hasta que las piernas digan basta; hasta que la posibilidad de dormir en una cama sea mejor que el pasto húmedo; hasta dejar de querer moverme para dormir entre tus brazos, en silencio y sin nadie más; bailar y bailar, esa música que no puede escucharse si te quedás quieto; y brillar, como brillaban los ojos negros, los marrones, la piel húmeda. Y la seguridad de que todos los verbos cerca tuyo pueden ser la mejor vocación.
...viene a mojarse los pies a la luna...