La gente descansa un fin de semana largo, agradece y disfruta un lunes en su casa o de paseo, tiempo para ocio, lecturas, mimos y responsabilidades en pausa hasta el martes. Retomar después se vuelve difícil: en la oficina predomina el malhumor, todos (ellos, ellas y quizá yo) parecen indispuestas, tengo el escritorio abarrotado de tareas y por chat llegan los relatos de cómo cuesta volver a estudiar y/o trabajar. Las razones del malestar me importan poco. Reconocer el timing evita preocupaciones.Yo me acelero rápido y respondo más o menos como se espera, pero por dentro los tiempos son otros y quizá en ese desfazaje hay un poco de tensión:
ayer caminé mis itinerarios (de Salguero y Guardia Vieja a Salguero y Arenales, después el regreso a Guardia Vieja y más tarde de allí a Malabia y Paraguay, la clase de Yoga en Rivadavia y Sanchez de Loria y de vuelta a casa, Guardia Vieja piso 13), decía, entonces, los itinerarios a pie mientras redactaba por dentro una carta que a la noche no llegué a escribir. Si no redactaba, caminaba intentando recuperar con precisión algunas postales del fin de semana, las palabras descontroladas por el exceso de bebida y las descontroladas sólo por el deseo. Cuando quise recordar lo que creía recordable, apareció la voz de lo que no recordaba (no será hermosa pero sí muy inteligente) y la emoción en pleno itinerario , cómo puede ser la sensibilidad, y volver a redactar lo que después no llegué a escribir.
En yoga, todas posturas nuevas. Invento la diferencia entre postura y pirueta. La medida está entre la dificultad y mi torpeza. Las piruetas se convierten en posturas tres clases después del primer intento, cuando mi cuerpo empieza a responder y comprende que en lugar de probar una pirueta se trataba de colocar una postura. Tres clases de atraso.
Mi cuerpo procesa distinto que otros cuerpos.
En ese timing que también reconozco, encuentro todo lo que no dije esos días y que ahora podría decir:
comprender que pese al torbellino hay un orden de cosas que necesita reposo y serenidad para encontrar su justa expresión.
...viene a mojarse los pies a la luna...