La palabra de estos días es equipo.
Formar equipo. Pareja equipo.
Y están ellos dos, I y P, la licenciada y el ingeniero, como para ponerlos en la mesa de luz y mirarlos cuando no se sabe bien cómo seguir.
Creo que ni siquiera son muy parecidos. Que sus afinidades pasan por todos aquellos lugares que no son los más obvios. Que su equipo no se hizo en una semana ni en cinco meses. Pero que hoy, varios años después, es difícil no pensarlos juntos, en sus encuentros y diferencias.
Recuerdo a otros amigos que también son equipo. G y F. Los vi de cerca aún sin haberlos visto tantas veces. Se conocieron a fines de sus veintipico, después de que cada uno viviera una década de separaciones y despilfarros. A veces se matan. Les dicen los osos. Cuando cada uno vivía solo decían que cada casa tenía sus desventajas y ventajas, que lo bueno de cada departamento encajaba justo en lo que el otro no tenía. Disfrutaban de estar aquí y allá (a veces debían estar obligados en uno de los lugares, cuando él me prestaba su departamento). Ella médica y él profesor de física. Los dos tremendos lectores. No hacían lo mismo. No eran iguales. Pero encastraban como piezas que ni siquiera eran perfectas.
Hice el video para su casamiento. Junté las versiones de cómo se habían conocido. Una fiesta. Muchos tragos y quizá otras sustancias. Los presentaron, se fueron juntos. No me acuerdo si a la casa de ella o a la de él. Alguno vomitó. Tampoco recuerdo si ella o él. El otro lo cuidó, limpió lo que había que limpiar, lo hizo dormir. Se levantaron juntos a la mañana. Brutal intimidad develada para una primera noche. Se casaron cuatro años después en una fiesta que sólo podría haber sido la fiesta de ellos dos.
Equipo, intimidad, cotidianeidad, y tiempo, mucho tiempo. Son las palabras de estos días.
...viene a mojarse los pies a la luna...